Camino a ninguna parte
Me acuerdo mucho y de todo. De la mañana dando vueltas en la tienda tras cosas imposibles solo para consolarnos el desasosiego, del árbol de mamón que crecía en el patio de la ferretería junto a las montañas de arena para empañetar; ese olor tan embriagante de la fruta que no me dejaba comerla en paz. Aquella vez que descubrimos que las multitudes me asfixiaban y andaba con la carterita "azul cielo". De cuando caminar era la única opción y para que no pareciera largo el viaje me comprabas una paleta de helado. La brisa derretía el hielo tintado, se chorreaba y entonces llegaba con manchas y gotas de color a la ropa: un nuevo estampado en cada salida. Caminamos mucho, antes se podía y era necesario. Del cuento de los tiros del '65, de la deserción, del camión lleno de maletas, del vendedor de biblias, del golpe con la sombrilla, el sacrificio diario, las goteras sincronizadas, las amanecidas, de las limonadas, de la mitad del callejón con flores y la otra con ve...