lunes, 29 de septiembre de 2014

Candados, puentes, amor y ciudad…


Por: Erinia Peralta, firma invitada. Fotos: fuente externa.

Algunos dicen que todo empezó con la novela “Tengo ganas de ti”, de Federico Moccia, ahí los amantes colocaban un candado a una de las farolas del puente Milvio, Roma y tiran la llave al Tíber en señal de que su amor duraría por siempre o asegurándose de que dure por siempre.

Después de esto se desató la moda (¿moda?); Puente de las Artes, París, Francia, Puente Mecsek, Pécs, Hungría, Puente Hohenzollern, Colonia, Alemania, Puente Vecchio, Florencia, Italiay poco a poco las ciudades europeas han ido perdiendo espacios en los puentes ante la señal  más contundente del amor. Millones de turistas ponen la colocación del candado como un “must” al visitar estas ciudades, no sabemos cuántas llaves se encontrarán en el fondo de estos legendarios ríos. Paris, la ciudad del amor, sigue siendo la elegida por excelencia. Pero como bien explica Pedro Guerra en su canción Lazos;

“Forzaste quizá demasiado 

los lazos pensando que 

en eso consiste el amor 
en dar sin medir 
el calor de un abrazo 
quién sabe qué fue 
lo que paso”


Amarrar el amor en los puentes europeos está empezando a crear una situación a los gobiernos de esas ciudades, se dice que algunas de estas están contemplando la prohibición, que algunos puentes ya no se ven, pues  solo son un “un gran caparazón de metal” o dicho en una forma más poética puentes cubiertos de amor, de buena fe y buena voluntad.
El ayuntamiento de Paris, por ejemplo, ha propuesto sustituir los candados por “selfies” debido a que ya el peso de éstos está amenazando la estructura. En Roma  una farola del puente Milvio  se cayó y desde entonces, los candados están prohibidos bajo pena de multa. 

En Venecia ya se pueden ver carteles con la frase “unlock your love” o “libera tu amor” solicitando a las personas que quiten sus candados de las estructuras que ya empiezan a resistir el peso, que puede llegar hasta 12 toneladas. Otros lugares han construido estructuras especiales para colocar los candados. 
Quizás todo sea una especie de metáfora y vuelvo a parafrasear a Pedro:


“Pero pensando que el tiempo es vela 

que se deshace sin avisar 

encarcelaste al amor que vuela 
con el temor de lo que se va”


Después de todo, el amor no es para atarlo inmóvil a una estructura aparentemente solida, el amor es para liberarlo, el amor es un constante fluir, no es para quedarse en el puente, sino  cruzar el puente y atreverse, pues el amor es libertad y es precisamente ese fluir, ese cruzar, ese atreverse, esa libertad de amar el mayor y más grande gesto de amor.


De algo sí estamos bien seguros: detodos estos amores atados a estos puentes, la ciudad es cómplice  propiciadora. ¿Tocará ahora apelar al amor por la ciudad? Mientras el amor copa los puentes de las ciudades europeas que tanto anhelamos visitar, mientras los gobiernos de esas ciudades buscan la cura ante aquel derroche,  insisto en que el mayor gesto de amor no es atarlo a una estructura (física o institución jurídica) el amor es fluencia, la mejor y más autentica muestra de amor es amar. Para lo demás, la ciudad debe estar ahí, ofreciéndote esos escenarios que propicien que ese “amar” encuentre la calidez y refugio  donde desarrollarse. 

Albergar en ella todos los gestos diarios de amor, guardar sus historias y esperar que esos amores perduren, como debe perdurar la ciudad misma. Pero siempre quedan las preguntas que el sabio Pedro ya se hizo:

¿Cómo hacer para no quererle? 

¿Cuál es el paso que hay que medir? 

¿Cuál es el límite de la fuente? 
¿Cuál es el tope de la raíz? 














miércoles, 24 de septiembre de 2014

Así es la visión de los niños

Bella Millien, 14 años, Sabana Perdida, Santo Domingo Norte.
¿Alguna vez se han planteado pensar en la perspectiva de un niño? En ¿cómo percibe su ambiente? ¿En su visión?

Es un ejercicio que nos ayuda a entender cómo piensan los niños, qué es importante para ellos. Mejor aún, nos ayuda a entender sus necesidades, que con frecuencia, los adultos obviamos por estar concentrados en las nuestras.
La organización internacional Visión Mundial en República Dominica puso en marcha el proyecto “Mi visión. Mis derechos”, con el propósito de que, a través de la fotografía, unos treinta y cinco niños de distintas provincias expresaran su versión de la realidad que los rodea y así sensibilizar a la sociedad sobre los sus derechos y las precariedades por las que atraviesan, propias de la pobreza.

Naylea Bernolis Novas Alberto, 13 años, Jimaní. 
El proyecto “Mi visión” culminó este año con una exposición de los trabajos fotográficos de los niñas, niños y adolescentes que participaron en él, y se exhibe en el centro comercial Galería 360, como parte de las actividades de PhotoImagen 2014.

Los niños recibieron clases de parte de profesionales que, de manera voluntaria, accedieron a entrenar a los pequeños durante dos fines de semana consecutivos. Como un plus, se les impartió una charla sobre derechos humanos.


Yohanna Colón, 14 años, provincia Dajabón.
Participaron niños de Bahoruco, Barahona, Dajabón, El Seibo, Independencia, San Cristóbal y Santo Domingo.

Orlando Barría (agencia EFE), Erika Santelices (agencia AFP), Marvin del Cid (periódico Diario Libre), Roberto Guzmán (agencia Xinhua), Ricardo Rojas (agencia Reuters), Ricardo Hernández (Grupo Omnimedia), Ricardo Piantini (fotógrafo independendiente) y Tatiana Fernández (fotógrafa independiente), fueron los fotógrafos que participaron en el programa.

Pasen a ver el resultado, todas las fotografías fueron hechas por los niños. 

              Dayneli Del Carmen, 11 años, provincia El Seibo.

sábado, 16 de agosto de 2014

Lo humano de moda...


De niña pensaba que había un humano detrás o dentro de ciertos objetos, pensaba por ejemplo, que un pequeño hombre, quizás un duende,  vivía dentro de los semáforos y era quien decidía si verde, rojo o amarillo o que La Vecindad del Chavo quedaba dentro de la TV. Supongo que la ciudad de Berlín también creía lo mismo, por eso sus semáforos peatonales tienen un pequeño hombre que indica cuando sí y cuando no y se ha convertido en todo un símbolo de la ciudad.

He vuelto a pensar en ello, en esa idea de que detrás de todo a nuestro alrededor está el componente humano operando constantemente, lo cual es así y si es así, resulta lógico que las ciudades, operadas y compuestas por humanos, sean  pensadas y diseñadas  para los  humanos. Pero, ¿qué significa esto? Se supone que el crecimiento y desarrollo de una ciudad responde a un plan, un plan que esté regido por el derecho que tenemos a la ciudad, uno cuyo norte sean las personas.

Sobre el “derecho a la ciudad” (no, no es un derecho nuevo que pondrá a algún legislador a crear una ley)  David Harvey plantea que “La cuestión de qué tipo de ciudad queremos no puede estar divorciada de la que plantea qué tipo de lazos sociales, de relaciones con la naturaleza, de estilos de vida, de tecnologías y de valores estéticos deseamos. El derecho a la ciudad es mucho más que la libertad individual de acceder a los recursos urbanos: se trata del derecho a cambiamos a nosotros mismos cambiando la ciudad. Es, además, un derecho común antes que individual, ya que esta transformación depende inevitablemente del ejercicio de un poder colectivo para remodelar los procesos de urbanización”. (Harvey 2009)


Una ciudad humana, donde se respete el derecho a la ciudad, deberá ser una en que  exista: ejercicio pleno de la ciudadanía y gestión democrática de la ciudad, función social de la ciudad y de la propiedad urbana, igualdad, no discriminación, protección especial de grupos y personas en situación de vulnerabilidad, compromiso social del sector privado, impulso de la economía solidaria y políticas impositivas progresivas, planificación y gestión social de la ciudad, producción social del hábitat, desarrollo urbano equitativo y sustentable, derecho a la información pública, libertad e integridad, participación política, derecho a la justicia, derecho a la seguridad pública y a la convivencia pacífica, solidaria y multicultural, derecho al agua, al acceso y suministro de servicios públicos domiciliarios y urbanos, derecho al transporte público y la movilidad urbana, derecho a la vivienda, derecho al trabajo, y derecho a un medio ambiente sano y sostenible.


Todo esto está recogido en la carta mundial por el derecho a la ciudad. Le invito a ir  tachando cuáles de estos derechos son respetados en su ciudad y  cuáles no, cuando termine le sugiero levantar la consigna: Pongamos lo humano de moda, aboguemos por el derecho a la ciudad. 


Escrito por Erinia Peralta, Abogada Urbanista.