lunes, 2 de diciembre de 2013

Concha Buika


A Concha le importan pocas cosas en esta vida y una de ellas es la música. Se sabe dependiente de cosas muy específicas pero al mismo tiempo admite que ella no quiere ser libre, solo tener el control de la celda en la que ella está.
La artista, original de Palma de Mallorca, estuvo en República Dominicana recientemente para una presentación única en la que, volvió a tenderse transparente en el escenario. A propósito de esta presentación, nos concedieron esta entrevista que fue publicada el día del concierto en la revista Bureo, del periódico El Caribe.

"No soporto traiciones, que no me hacen falta, que soy dependiente de respirar, de que animales mueran para comer, de que mi mamá me quiera y diga cosas buenas de mí porque si no me pongo mal, de que mi hijo me quiera… son muchas dependencias pero no quiero ser libre, lo único que yo quiero es la llave de mi celda", nos dijo.

Usualmente, a Concha no le gusta preparar demasiado la lista de canciones ede una presentación, según sus palabras, "la tribu", para referirse al público, es quien va determinando qué piezas se tocaran. Entonces, ¿qué esperaba encontrar en el escenario dominicano? Nunca espero nada, porque esperar es dirigir, y yo soy soldado. Simplemente estoy abierta a la información y cuando ella entra me dedico a hacer mi trabajo. Cada lugar tiene un color y una energía que te van diciendo cómo es la gente de allí y qué es lo que quieren escuchar. Me dedico a recibir órdenes del director de orquesta, que por regla general es la tribu que está sentada ahí delante.


¿Te preparas de alguna manera antes de subir al escenario? Sí, me tomo un ron, un tequila o lo que me den que sea tradicional del país en el que me encuentre. Me gusta conectar con la gente, con la alegría del entorno.

¿Qué le te han dicho de República Dominicana y de su público? Cualquier cosa que sea relacionada con ese nombre significa calor de amor. Recuerdo que haciendo escala una vez, hice una parada en el aeropuerto y había música en vivo. Cuando escuché aquello dije "¡Ay madre mía, que peligro tiene esta tierra, que salga mi avión ya! Porque como me quede 5 minutos más no voy a donde vaya" (risas).

Dicen que te fuiste de España porque te sentías extranjera allí, ¿es cierto? No, yo me siento en casa en todas partes del mundo, que no es lo mismo. No me siento extrajera en ningún sitio, sino no podría hacer mi trabajo. Vivo en todas partes, estoy constantemente en un avión. Además, estoy enamorada de mi tierra. Cuando voy a España me siento en el cielo, aunque esto me pasa en todas partes, yo soy de buena tierra.

Sin duda, "La piel que habito" fue la razón por la que muchas más personas conocieron tu trabajo. ¿Qué ha pasado a partir de allí que no pasaba antes? Sabes que es lo que pasa, que a mí lo único que me importa en este mundo de la música y las letras es que esa sinvergüenza de mi nota libre no se me escape, todo lo demás me da igual. La nota libre es esa que yo veo cuando estoy cantando, mi guía, esa que me lleva a donde tengo que ir; esa es la culpable de todo y luego me hacen preguntas y la sinvergüenza se queda callada, y la que tengo que responder soy yo. Lo único que me importa, más que premios y demás, es que ella siga apareciendo cuando le toca y que la tribu esté presente para atestiguar. Te lo digo con el corazón, todo lo demás me importa un pito y te lo digo con toda la humildad del mundo.

¿Cómo se dio el encuentro para trabajar con Almodóvar? Pedro es un gran amor. Recuerdo una vez cuando conocí a Chavela, ellos se hablaron por teléfono y escuchaba que ella le decía "mi querido y amado Pedro", y a mí me pareció una frase tan bonita que cuando Chavela past away, yo dije, pues ahora se la voy a decir yo siempre. Creo que nada es fortuito, todo es una gran conspiración y le agradezco a Pedro que apareciera mi nombre en su mente, lo demás no sé cómo sucedió.

¿Qué papel juega tu entorno con la creación de cada canción o disco? Por regla general vivo prácticamente encerrada en el estudio. La última vez que me encerré me hizo mucha gracia porque me dijo mi hijo: "Llevas tres días prácticamente sin comer, sin ducharte…¿qué te pasa?", y le decía: "Hijo, ¡no me había dado cuenta!". Lo que pasa es que cuando se está en proceso de composición y te encierras, normalmente dejas de pertenecer al tiempo y entras a un periodo que se rige por otras normas. En el tiempo las necesidades que tienes es que no te llame nadie, que no suene el teléfono y si puedes aguantar cinco minutos con hambre pues ya está, luego se te pasa. El limbo requiere otro lado de ti.

Has colaborado con muchos músicos. ¿Qué significado tienen para ti esos trabajos en conjunto? ¿Qué sensación se queda contigo? Te podría contar tantas cosas. En primer lugar, las giras son luchas muy solitarias; hay mucha soledad, y entonces, cada vez que te encuentras con un compañero para compartir es como un oasis. Porque mira, el fracaso en soledad es chungo, pero lo prefiero al triunfo en soledad. El triunfo soledad es bien cabrón.

¿Es verdad tu declaración sobre la canción Ne me quite pass, en la que afirmas de lo imposible de cantarla entera sin romperse? No es verdad porque yo nunca he llegado a sentir de esa manera, pero me acerqué bastante una vez a ese sentimiento. Recuerdo que tenía una pareja que cuando se fue, me levantaba con los ojos hinchados. No importa lo que me pasara, nunca en mi vida había visto mis ojos tan hinchados y tan deformados por el llanto como aquella vez. Nunca había sentido ese rompimiento tan grande, parece que te están quitando la vida. Yo soy madre, mamá, y qué vergüenza me da el contártelo ahora, y qué vergüenza me da el haberlo sentido. ¿Cómo yo pude haber sentido algo así teniendo hijos? No, no, no (risas). Pero reconozco que quise experimentar con ese sentimiento, quise llegar a ese hundimiento total y lo hice por puro egoísmo, para poder contarlo, para poder escribirlo. De hecho, la canción Mentirosa sale de esa historia. Cuando yo experimento con el dolor a esos niveles hay un por qué y hay un resultado. Hay una alegría al final siempre; termino con una bonita canción en el escenario y la gente gozando. Si yo realmente sintiera todo ese dolor en cada canción yo no podría tener esta profesión, terminaría cada noche en el psiquiátrico con una camisa de fuerza (risas).


¿Vale la pena suplicar por amor? Vale la pena todo en esta vida, vale la pena darse la oportunidad de haberlo hecho todo: de haber suplicado, de haber sido un soberbio, de haber sido un cabrón, de dejar que te lo fueran, de llorar, de reír… vale la pena en esta vida experimentarlo todo antes de irnos. Que el límite lo ponga la carne, no los juicios humanos. ¿Por qué no suplicar y luego recordarlo, y preguntarse ¿para qué hice eso? Y luego decir: "Coño qué vergüenza". A mí me encanta recordar todo eso. Recuerdo que supliqué por amor, y estoy aquí, y estoy viva. Por lo menos tengo el recuerdo y la sapiencia y no lo cambiaría por nada. 


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