viernes, 24 de abril de 2015

Frutas de antaño: El mamón

Al mamón le di mención en una oda que escribí pensando en mi padre. Tanto así me marcó esta fruta de textura arenosa cuyo árbol conocí en mi barrio; estaba plantado en el patio de la ferretería y a sus pies los camiones de volteo colocaban la montaña de arena de hacer mezclas para la construcción. Eran de esas casualidades que me ponían a pensar: la arena en el suelo y la fruta arenosa creciendo arriba.
Pero mi tema con el mamón es otra cosa. Sucede que esta fruta es terriblemente dulce, es dulcísima y yo, que nunca he sido amante del azúcar, era víctima de nauseas cuando osaba comerme una. Pasó el tiempo y como muchos otros árboles frutales el mamón fue desapareciendo de la ciudad. 

Hace unas semanas estuve conociendo el parque infantil y temático de la provincia de Barahona y allí me topé con “la mata” de mi infancia. Me costó reconocerla. Era un árbol relativamente joven, el tronco torcido y las ramas inclinadas al suelo, me sorprendió que tuviera varios frutos verdes a la altura de “cogerlos bajito". 
Alguna vez pensé que esa fruta existía solo para las aves pues su intensidad melosa me parecía insólita: en aquellos tiempos nadie peleaba por un mamón, ni se subía a la mata para tumbarlos -salvo en ciertas ocasiones-, ni antes, ni ahora se le encuentra en los mercados…

El otro día, bajando de Jarabacoa, hicimos una parada improvisada para comprar arepas cuando mirando hacia arriba lo vi. 
De inmediato pedí que nos dejaran tumbarlo porque supe que tendría pocas oportunidades de volver a encontrar uno, tenía que mostrarlo y hacerlo parte de mi #TBTfrutal. 
Deben saber que otra persona se lo comió, yo solo le tomé la foto.













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