lunes, 13 de abril de 2015

Ocultos en El Maniel

Camino a El Maniel, mejor conocido como San José de Ocoa. En el trayecto voy leyendo el reporte de David Dixon Porter que cuenta sobre su historia y experiencia en esta tierra ubicada entre las montañas, llamada El Maniel (refugio) por sus primeros habitantes: los esclavos fugitivos en la época de la colonia, quienes huyeron a estas tierras altas para ocultarse por tener difícil acceso. 

Lo primero, visitar la comunidad de Los Martinez, considerada como modelo por la integración de las familias que las componen. Sus cultivos de alta calidad son parte importante de su sustento, producen una gran variedad de aguacates, hortalizas, naranjas y miel de abejas. Un sendero guiado muestra parte de su trabajo que incluye la producción de abono orgánico a partir de lombrices. 



Una vez en el pueblo es necesario visitar la Casa de los recuerdos del padre Luis José Quinn, un sacerdote canadiense que vivió durante 42 años en San Jose de Ocoa y a quienes los lugareños consideran como un lider y ejemplo comunitario por sus constantes aportes. La casa, hoy convertida en museo, fue residencia del religioso y en ella se aprecian sus pertenencias; entre las que destacan algunos instrumentos musicales, así como la máquina de escribir y heramientas para imprimir comunicados propios de la labor educativa que realizó Quinn. 
En una mañana asaltamos a la panadería Lavigne, descubriendo que la producción de estas galletas con aspecto de importadas está aquí en San Jose de Ocoa. Lamentablemente el delicioso pan de pasas y las donas artesanales no llegan a la capital. Esta pequeña empresa familiar también elabora algunos productos de repostería. 

Nuestra estadía fue en el Rancho Francisco, que forma parte de las ofertas nocturnas del pueblo con un gran salón para presentaciones, Karaoke, un par de piscinas alimentadas por el río y lo mejor: el servicio. Lo que pidas en Rancho Francisco si no lo tienen lo preparan o mandan a buscarlo ¡Garantizado!
                       

Café de alturas

El trayecto montaña arriba toma más de 20 minutos y el paseo, si se hace en la cama de una camioneta como me tocó hacerlo, es un deleite visual entre altísimos árboles de eucalipto, trinitarias y amapolas que van apareciendo como puntos rojizos entre el verde. Al llegar a Rancho Arriba, en la comunidad de Mahoma nos recibió Samuel Baltensberger, dueño y administrador de la finca donde se produce y empaca el Café Samir, del tipo Arábico con sus respectivas
Rumbo a Rancho Arriba. 
variedades. Esta es una de las tantas ofertas cafeteras elaboradas en nuestro país con fines de exportación. Este otro producto que solo se consigue en la comunidad o en algunos paises de Europa a donde se exporta. 

Paquetitos de café Samir.
Casi de regreso a la ciudad paramos a comer en La cocina de Mabel, el lugar fue abierto hace pocos días y ya goza de un buen grupo de seguidores por las exquisitas preparaciones de su propietaria, a quien no le pude rechazar este flan de auyama con tope de ciruela. 

 
 Salí contenta de San José de Ocoa donde al fín pude conocer la historia de su nombre antiguo y donde su gente está trabajando en conjunto para resaltar sus valores como pueblo y ampliar las ofertas para así llamar la atención de turistas que buscan lo alternativo. 


El frondoso parque de San José de Ocoa.

Regresé a casa un poco carga de productos ocoeños.
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